











BRILLO EN TERCERA PERSONA (2023-2026)
Objetos de vidrio soplado con mechero y sistema de sonido
Lo que puede un Cuerpo, Espacio el Dorado, Curaduría de María Toro y Juan Betancurth, Bogotá (2023)
NULL, Antiguo edificio de operarios de Telecom, Curaduría de Linda Pongutá y William Contreras, Bogotá (2024)
Mínima Agencia, Lugar a Dudas, Curaduría de María del Mar Núñez, Cali (2025)
Unos pocos buenos amigos, Cantadora, Curaduría de Vasco Forconi, Roma (2026)
La pieza que inaugura esta serie se basa en una composición sonora construida a partir de Au clair de la lune, considerada la primera grabación —conocida hasta hoy— de una voz humana. Fue realizada en 1860 por Édouard-Léon Scott de Martinville mediante el fonoautógrafo, un dispositivo diseñado para registrar visualmente las vibraciones del sonido.
Au clair de la lune, o Al claro de luna, es una canción francesa del siglo XVIII de autor desconocido. Su letra habla de Lubin, un personaje que busca una pluma para escribir “una palabra”, pero parece no encontrarla porque “su vela se ha muerto”: la luz se le ha agotado. Su búsqueda comienza preguntándole a su vecino Pierrot, quien le dice que no tiene plumas, pero le sugiere acudir a la casa de la vecina, pues unas chispas parecen brillar en su cocina. Después de un encuentro tan extraño como ambiguo, la puerta de la vecina se cierra y Lubin queda bajo la tenue luz de la luna.
La huella de nuestros gestos cotidianos funciona como espejo y evidencia de nuestra presencia, pero, sobre todo, de sus matices. Imagino que el reflejo de una voz convertido en líneas temblorosas sobre una superficie ahumada era una manera de retener y aferrarse a aquello que inevitablemente se nos escapa. Imagino también que eso era lo que añoraba Édouard-Léon Scott de Martinville cuando ideó el fonoautógrafo: una forma de capturar el sonido, sin saber que aquel dibujo de carbón terminaría registrando también la voz de alguien cantando.
En esta primera pieza, la composición surge de una mezcla de sonidos y tarareos improvisados por personas cercanas. Al escuchar la grabación de Martinville, cada una reaccionó con melodías, respiraciones y sonidos producidos con su propio cuerpo. La pieza fue desarrollada con la asesoría y postproducción de David Vélez.
En cada uno de los objetos posteriores, la composición sonora cambia de acuerdo con el contexto y con las preguntas que surgen en cada momento.
Las piezas de vidrio fueron fabricadas por Mario Maldonado y Gerardo Gamboa
The piece that opens this series is based on a sound composition built around Au clair de la lune, considered to be the first known recording of a human voice. It was made in 1860 by Édouard-Léon Scott de Martinville using the phonautograph, a device designed to visually record the vibrations of sound.
Au clair de la lune, or By the Light of the Moon, is an eighteenth-century French song by an unknown author. Its lyrics tell the story of Lubin, a character looking for a quill with which to write “a word,” but apparently unable to find one because “his candle has gone out”: his light has run out. His search begins by asking his neighbor Pierrot, who tells him he has no quills but suggests that he go to the neighbor’s house, where sparks seem to be glowing in her kitchen. After an encounter that is as strange as it is ambiguous, the neighbor closes the door behind her, leaving Lubin beneath the faint light of the moon.
The traces of our everyday gestures act as both mirrors and evidence of our presence, but above all, of its nuances. I imagine that the reflection of a voice, transformed into trembling lines on a smoked surface, was a way of holding on to and preserving something that inevitably slips away from us. I also imagine that this was what Édouard-Léon Scott de Martinville longed for when he conceived the phonautograph: a way of capturing sound, without knowing that his charcoal drawing would also record the voice of someone singing.
In this first piece, the composition emerges from a mixture of sounds and humming improvised by people close to me. Listening to Martinville’s recording, each person responded with melodies, breaths, and sounds produced with their own bodies. The piece was developed with the guidance and post-production of David Vélez.
In each of the subsequent objects, the sound composition changes according to the context and the questions that emerge in each moment.
Fotos de Espacio el Dorado (1 y 2), Lugar a Dudas (3 y 4), Sebastián Cruz (5, 6 y 7) y Roberto Apa (8, 9, 10, 11 y 12)
